lunes, 14 de mayo de 2012

No calentás la misma cama por dos noches me reclamaba y no la quise oír hice de todo por impresionarla y dejé huérfano todo su penar .


En el juicio de la vida al menos 1000 veces fuí juzgada. El tribunal ya me conoce y entre tanto papeleo se me fue el alma. Yo no se porque se me encarnan las pestañas, pero es algo que simplemente me pasa.

Es como una costumbre muy mía la de atornillar la planta de los pies al suelo frio.

Me gusta fusilar mis esperanzas. Quedarme ciega justo cuando el sol me alumbra el camino.

Ahorcarme con las sabanas. No hay ángel de la soledad. Solo hay soledad y música, la fiel compañía.

Cuando mi mente empieza a deschavetarse me envuelvo entre las mantas y acaricio mi almohada. Escucho con afinidad cada nota que se escapa del reproductor de música y la disfruto. El dolor es el placer de un compositor.

 “No me arañes minina! Me lastimas la espalda”

¿ Y vos a mi? Vos a mi me torturas la mente.  Me desintegro en tu placer. ¿No podrías ser un poco más desatento? ¿Más imperfecto? Me repugna que seas tan mágico! Te deslizas en un vaivén de aire y humo y enamoras hasta a los muebles! ¿No te das cuenta?

En tu asquerosa sencillez está lo que te hace especial.

Ese eterno miedo que tenés a confundirte, a tomar una decisión errada. La peor tortura para vos es darte a elegir. Y nunca me elegirías a mí, porque soy la profeta de los alienígenas y en este mundo solo estoy de visita. No podes confiar en mí, no podes dejarte atrapar por mi maldad.

Yo consumiría todo tu dolor y lo procesaría en mi organismo para  expulsar con cada suspiro que te dedique una alegría en tu vida. Quiero impulsarte un poco más hacia tu futuro. Con cada caricia te encaminaría a la perfección! Y a la vez, lo que tengo de mágica lo tengo de infumable. Y asusto a mis supuestos pretendientes con mi carácter de vieja.  Yo vine a este planeta a bailar, a reventar cabezas, a enamorarme de todo y a conformarme con nada. 

Mi sudor es adrenalina y vos… vos no querés que te rasguñe la espalda! no querés tener mis marcas en tu piel. Pero no te quejas, y te endulzas con mi saliva venenosa. Yo no te voy a dar elegir, me gusta torturarte. Ostentas mi hambre con tu rostro de sufrimiento. Voy a seguir acribillándote mis garras, voy a seguir paseándome por la habitación desnuda.  Siempre admití que la brujería era parte de mí. Me gusta chupar chuchillos y darle calor a labios fríos. 





3 comentarios: