No calentás la misma cama por dos noches me reclamaba y no la quise oír hice de todo por impresionarla y dejé huérfano todo su penar .
En el juicio de la vida al menos 1000 veces fuí juzgada. El tribunal ya me
conoce y entre tanto papeleo se me fue el alma. Yo no se porque se me encarnan
las pestañas, pero es algo que simplemente me pasa.
Es como una costumbre muy mía la de atornillar la planta de los pies al
suelo frio.
Me gusta fusilar mis esperanzas. Quedarme ciega justo cuando el sol me
alumbra el camino.
Ahorcarme con las sabanas. No hay ángel de la soledad. Solo hay soledad y
música, la fiel compañía.
Cuando mi mente empieza a deschavetarse me envuelvo entre las mantas y
acaricio mi almohada. Escucho con afinidad cada nota que se escapa del
reproductor de música y la disfruto. El dolor es el placer de un compositor.
“No me arañes minina! Me lastimas la
espalda”
¿ Y vos a mi? Vos a mi me torturas la mente. Me desintegro en tu placer. ¿No podrías ser
un poco más desatento? ¿Más imperfecto? Me repugna que seas tan mágico! Te
deslizas en un vaivén de aire y humo y enamoras hasta a los muebles! ¿No te das
cuenta?
En tu asquerosa sencillez está lo que te hace especial.
Ese eterno miedo que tenés a confundirte, a tomar una decisión errada. La
peor tortura para vos es darte a elegir. Y nunca me elegirías a mí, porque soy
la profeta de los alienígenas y en este mundo solo estoy de visita. No podes
confiar en mí, no podes dejarte atrapar por mi maldad.
Yo consumiría todo tu dolor y lo procesaría en mi organismo para expulsar con cada suspiro que te dedique una
alegría en tu vida. Quiero impulsarte un poco más hacia tu futuro. Con cada
caricia te encaminaría a la perfección! Y a la vez, lo que tengo de mágica lo
tengo de infumable. Y asusto a mis supuestos pretendientes con mi carácter de
vieja. Yo vine a este planeta a bailar,
a reventar cabezas, a enamorarme de todo y a conformarme con nada.
Mi sudor es adrenalina y vos… vos no querés que te rasguñe la espalda! no
querés tener mis marcas en tu piel. Pero no te quejas, y te endulzas con mi
saliva venenosa. Yo no te voy a dar elegir, me gusta torturarte. Ostentas mi
hambre con tu rostro de sufrimiento. Voy a seguir acribillándote mis garras,
voy a seguir paseándome por la habitación desnuda. Siempre admití que la brujería era parte de
mí. Me gusta chupar chuchillos y darle calor a labios fríos.
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ResponderEliminarCuanto tiempo sin verte, corazón.
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