¿Cómo puede ser que te alboroten mis placeres? Te escucho mucho, te asfixio mucho, te impacto mucho, te siento mucho. Yo te quisiera salvar, te voy a atornillar, te voy a herir un poquito más. ..
Un susurro muy especial, Así me das más.
La mujercita que amás, Esa suave flor judoca, La va de maga zulú Y combina tus venenos Haciéndose la ingeniosa, odiosa, siempre fiel.
All dogs go to heaven...
Si mi conciencia fuese un mar seria el más salado y profundo del universo. Tuve que viajar, alejarme de la realidad. Transportarme a un planeta inventado de ubicación inexacta. Sacarme los zapatos y los alambres de la boca, besar al aire y mirar al cielo, dejar de seguir a esa razón que me convierte en humana. Lo prometo, ya no oprimiré más los engranajes de mi corazón, no oxidare jamás esos lamentos. Rozaré con mi lengua absolutamente todos mis dientes y jugaré con mis encías haciéndolas sentir vivas.
No dejaré que la ropa corrompa el encanto de la libertad. No tendré piedad por el pasto, lo pisare una y otra vez y caminare sin rumbo hasta cruzarme con el rio de la pureza y ahí sin pensarlo demasiado arrojare todas las penas que me sujetan los tobillos sin dejarme avanzar.
Hace rato que no me enfrento con la quimera de mi pasado, Su baba ya no me hace resbalar, no veo sus ojos sanguinarios en mis sueños, ni su figura en la oscuridad. Ya podría asegurar que me estoy acostumbrando al bienestar, pero hay algo que no quiero perder jamás, la melancolía, si no es aquí será allá pero siempre la pierdo por algún lugar, me paso horas buscándola y buscándome a mi misma, el espejo, hay cosas que no sabe rebelar y eso es lo interesante, dejarnos llevar por una imagen refractada que apenas podemos asegurar que somos nosotros es algo absurdo, quizás el único que no nos puede mentir de quienes realmente somos es el espejo, pero seria una afirmación desdichosa y sospechosa, yo no la creería y la cuestionaría hasta que mis cuerdas vocales se corten.
Tengo un enfoque total, yo soy quien soy y cada día que tengo en esta vida es una oportunidad para mejorar. No hay lugar para sentir la culpa ni el rencor en mi nuevo corazón, a veces siento ese demonio de uñas largas que me rasga las entrañas, pero lo alejo y me despojo de esos pensamientos, no los evito, los enfrento con mi mente, miro a esa bestia a los ojos y se derrite, todo ese ejercito endemoniado se vuelve polvo, están perdidos, la maldad siempre fue algo innato en mi ser, pero a veces siento la necesidad de neutralizarla. Es algo que me permite sacar mis alas y volar.
No quiero darle el prestigio a alguien, porque no se realmente que fue o quien fue lo que me hizo cambiar tan abruptamente, prefiero pensar que fui yo misma, que realmente ahora estoy demostrando que puedo cocerme las heridas yo misma.
Estoy atenta y me doy cuenta de que cada día soy mejor, tengo mi frialdad, tengo mi dolor y tengo mi agresividad, pero eso es parte de la composición de mi sangre, no va a cambiar, pero al menos puedo sacar también lo bueno de mí, mi lado comprensible y generoso. Relajada y asertiva, ya no me alimento de mi desazón , solo me alimento de la energía positiva que flota a mi alrededor.
Se le dice a las reinas “busca tu rey” pero yo descubrí que no hay rey que pueda compartir mi riqueza, la riqueza de la vitalidad, de las sonrisas, de un fuerte y diferente ideal. Todos reinamos en nuestras vidas y antes de buscar a algún paraíso donde alojarse hay que buscar en el interior de cada ser humano y encontrarse con la pena y el dolor, superar todo lo que pueda tirarte al lado malo y crecer, saber diferenciar, ya no es pena lo que siento al mirar hacia atrás, es orgullo, que bien se siente descartar todo lo malo y quedarme con lo que aprendí. Cicatrizar todas las lastimaduras y seguir hacia delante con la sonrisa tatuada. Nadie me desaloja de mi cuerpo, yo mando acá!

Recibí
la noche de boca al suelo, labios sangrientos llenos de sed.
La
ebriedad afectaba mi equilibrio y no solo me refiero a mi equilibrio corporal
sino también a mi equilibrio mental.
Venia
planeando esta noche hace tantos meses atrás, quizás un beso, un abrazo, una
lagrima. Admito que también la imagine violenta.
Me
imaginaba devastada, admirándote desde un rincón, tristemente acompañada de una
copa filosa, que me tentaba a apuñalarme brutalmente a mi misma, o quizás no, porque
también en otras ocasiones me veía apuñalándote a vos.
Pero
como la mayoría de las cosas planeadas hace meses se desvanecen todos los
planes en menos de un minuto, se desmoronan como una vieja montaña rusa
poniendo en juego nuestra salud mental que va viajando majestuosamente por el
carrito acompañada de nuestra razón, y así la razón le advirtió a la salud
mental que el camino se estaba destruyendo a tan solo unos pasos de ellos, pero
la salud mental la ignoro, “que vas a saber vos” y paso directamente a su inconsciente
las palabras de la sabia razón. Y así cayeron las dos al vació. La montaña rusa
ya estaba totalmente destrozada igual que mis planes, nada había salido como lo
esperaba.
Alli
estaba yo, buscándolo desesperadamente, con algunas copas de más para aliviar
el dolor de enfrentar la despedida, pero el no estaba.
Nunca
estaba. Se había ido hace tiempo ya, pero por alguna razón todavía no lo podía olvidar.
Cada
noche, casi como una repetición devastadora, imaginaba una y otra vez esa
despedida que jamás se dio. Y esperé horas junto a la puerta, para ver si de
casualidad entrabas. Como si por momentos me olvidara que estas a 2000 kilómetros
bajo tierra.
