Siempre es igual. Siempre es en el mismo horario. Es como si
fuese una maldición puntual. Comienzo a sentir un malestar. Dudo de mi misma y
de mi efecto en el resto del universo. Me mareo, Busco donde consolar mis
penas. Miro el reloj, no me sorprende. Siempre pasa en este lapso de tiempo.
Mis rodillas se ponen vagas, quieren sentir el piso frio. Me arrodillo en un
rincón, busco cobijo en una esquina de mi hogar. Las lágrimas me pasean por el
rostro, mis cuerdas vocales comienzan a vibrar, quieren cantar un blus triste.
Desde los tobillos me sube un tembleque, mi cuerpo comienza a temblar
descontroladamente. Intento desviar mis pensamientos, pensar en positivo.
Buscarle una razón a mi existir. Pero en este horario es casi imposible. Siento
ganas de hacer locuras. Los pensamientos sádicos recorren mi mente como un
asesino recorre una casa buscando a su victima. Quisiera reventar. Quisiera
bañar de sangre todo este lugar. Quisiera dejar de vomitar tanta maldad. Siento
un peso sobre mi espalda. Como si cada vertebra se me quebrara, Siento que mis
costillas apuñalan a mis pulmones y apretujan mi corazón.
Veo a mí alrededor,
lo analizo. Todos son felices. Todos tienen algo de amor ¿y yo? Yo solo tengo
veneno. Veneno embotellado, veneno armado, veneno estupefaciente. Yo solo tengo
anestesias. Siempre pensé que era buena. Pero si lo fuese tendría amor en lugar
de todo esto. De tanto que me anestesie perdí el control y heme aquí
lamentándome por todo, incluso por ser yo misma. El hecho de ver la felicidad
de mi entorno me descoloca, me vuelve esto, me vuelve este monstro que sale
unos minutos al día pero que es altamente peligroso. No se si tanto para el
resto, pero estoy segura de que para mi lo es. Es fatal. Me hace vomitar
veneno. Salpico a mi entorno, se preocupan, se preguntan si estoy enferma,
intentan secarme la boca, limpiarme el rostro, recogerme el pelo. Creen que soy
solo una ebria que necesita descansar y tomar agua con limón. Este vomito no es
vomito de estomago, es vomito de alma, de carne. Es vomito de dolor. Son
arcadas que se producen por la guerra que hay dentro de mí. Esos polos que
siempre están golpeándose.
Basta! Ya basta!
Es imposible
escapar de algo que esta dentro de tu cabeza. Podes evadirlo, podes ignorarlo,
pero tarde o temprano vuelve.
La habitación se
pone muda o quizás soy yo que me vuelvo sorda, posiblemente sea yo. Las luces
se vuelven fuertes. Siento que soy una alvina en el Caribe, me queman, deseo
tener fuerza para llegar a presionar la tecla y acabar con la tortura. Me arden
los ojos. Finalmente me paro y camino enfurecida hacia la tecla de la luz. Ya
estoy a un paso y la tormenta paso. Ya no tiemblo, ya no están los pensamientos
sanguinarios, las luces ya no me lastiman, ya no siento ganas de explotar. Solo
quiero que alguien me salve.
Solo quiero
enroscar mis brazos sobre algún cuerpo, como las órbitas lo hacen alrededor del
sol. Solo quiero acortejar un alma. Solo quiero tener a alguien a quien amar.
Mis locuras siempre las voy llevar, pero solo quiero que alguien me de su amor,
alguien a quien escribirle. Tengo tanto que escribir y tan pocas dedicatorias.
Tengo tanta imaginación y tan pocas historias. Y si sea quien sea no le gusta
leer, no me importaría, no me importa si lo leería o no. Solamente quiero sacar
estos sentimientos, quiero vivirlos. Quiero escribirlos sintiéndolos. Necesito
sacarlos de mi interior. Necesito compartirlos.
Y después de una larga discusión conmigo misma, sigo como si nada, dudando cada día un poco más de mi salud mental, de mi bienestar, de mi existencia. Pero aun así sigo “normalmente” con mi vida, hasta el próximo día, hasta mañana en este horario en que de nuevo sienta ganas de llorar. Hasta mañana, en aquel horario que mis piernas me obligan a tumbarme al suelo y morir por unos minutos.


