viernes, 6 de enero de 2012

Reloj Biológico

Siempre es igual. Siempre es en el mismo horario. Es como si fuese una maldición puntual. Comienzo a sentir un malestar. Dudo de mi misma y de mi efecto en el resto del universo. Me mareo, Busco donde consolar mis penas. Miro el reloj, no me sorprende. Siempre pasa en este lapso de tiempo. Mis rodillas se ponen vagas, quieren sentir el piso frio. Me arrodillo en un rincón, busco cobijo en una esquina de mi hogar. Las lágrimas me pasean por el rostro, mis cuerdas vocales comienzan a vibrar, quieren cantar un blus triste. Desde los tobillos me sube un tembleque, mi cuerpo comienza a temblar descontroladamente. Intento desviar mis pensamientos, pensar en positivo. Buscarle una razón a mi existir. Pero en este horario es casi imposible. Siento ganas de hacer locuras. Los pensamientos sádicos recorren mi mente como un asesino recorre una casa buscando a su victima. Quisiera reventar. Quisiera bañar de sangre todo este lugar. Quisiera dejar de vomitar tanta maldad. Siento un peso sobre mi espalda. Como si cada vertebra se me quebrara, Siento que mis costillas apuñalan a mis pulmones y apretujan mi corazón.
Veo a mí alrededor, lo analizo. Todos son felices. Todos tienen algo de amor ¿y yo? Yo solo tengo veneno. Veneno embotellado, veneno armado, veneno estupefaciente. Yo solo tengo anestesias. Siempre pensé que era buena. Pero si lo fuese tendría amor en lugar de todo esto. De tanto que me anestesie perdí el control y heme aquí lamentándome por todo, incluso por ser yo misma. El hecho de ver la felicidad de mi entorno me descoloca, me vuelve esto, me vuelve este monstro que sale unos minutos al día pero que es altamente peligroso. No se si tanto para el resto, pero estoy segura de que para mi lo es. Es fatal. Me hace vomitar veneno. Salpico a mi entorno, se preocupan, se preguntan si estoy enferma, intentan secarme la boca, limpiarme el rostro, recogerme el pelo. Creen que soy solo una ebria que necesita descansar y tomar agua con limón. Este vomito no es vomito de estomago, es vomito de alma, de carne. Es vomito de dolor. Son arcadas que se producen por la guerra que hay dentro de mí. Esos polos que siempre están golpeándose. 
Basta! Ya basta! 
Es imposible escapar de algo que esta dentro de tu cabeza. Podes evadirlo, podes ignorarlo, pero tarde o temprano vuelve. 
La habitación se pone muda o quizás soy yo que me vuelvo sorda, posiblemente sea yo. Las luces se vuelven fuertes. Siento que soy una alvina en el Caribe, me queman, deseo tener fuerza para llegar a presionar la tecla y acabar con la tortura. Me arden los ojos. Finalmente me paro y camino enfurecida hacia la tecla de la luz. Ya estoy a un paso y la tormenta paso. Ya no tiemblo, ya no están los pensamientos sanguinarios, las luces ya no me lastiman, ya no siento ganas de explotar. Solo quiero que alguien me salve. 
Solo quiero enroscar mis brazos sobre algún cuerpo, como las órbitas lo hacen alrededor del sol. Solo quiero acortejar un alma. Solo quiero tener a alguien a quien amar. Mis locuras siempre las voy llevar, pero solo quiero que alguien me de su amor, alguien a quien escribirle. Tengo tanto que escribir y tan pocas dedicatorias. Tengo tanta imaginación y tan pocas historias. Y si sea quien sea no le gusta leer, no me importaría, no me importa si lo leería o no. Solamente quiero sacar estos sentimientos, quiero vivirlos. Quiero escribirlos sintiéndolos. Necesito sacarlos de mi interior. Necesito compartirlos. 

Y después de una larga discusión conmigo misma, sigo como si nada, dudando cada día un poco más de mi salud mental, de mi bienestar, de mi existencia. Pero aun así sigo “normalmente” con mi vida, hasta el próximo día, hasta mañana en este horario en que de nuevo sienta ganas de llorar. Hasta mañana, en aquel horario que mis piernas me obligan a tumbarme al suelo y morir por unos minutos.


Amor ambiguo

Anoche, anoche volvió.Yo sacudía mis caderas arriba de algún tacho de basura, intentaba bailar, distraerme. En medio de todo el ruido lo escuche, me dijo “Ven a mi con tu purísima vulgaridad, abraza este difunto cuerpo, mírame a los ojos una vez mas” Sonaba como la muerte. Desde las puntas de mis pies subió un escalofrió interminable, congelo mi mente. Me paralice, El cuerpo que dos segundos atrás se balanceaba de lado a lado ahora estaba derecho, encorvado, mis ojos se nublaron. Otra vez esta aquí. Baje atormentada, ni siquiera pedí ayuda, simplemente pegue un salto, caí bien a pesar de rasgar mi vestido. Camine lejos de la multitud. La mire desde lejos, ¿Por que? ¿Por qué siempre su voz hacia darme cuenta de cuan ridícula me veía? ¿Yo estaba bailando ahí? ¿Yo estaba moviéndome al compas de una música que en la realidad no soporto? Otro escalofrió. Fue entonces cuando volví a oler ese olor maravilloso pero a la vez aterrador. Era su aroma, ese aroma inconfundible. Inhale profundamente, lo hice entrar a mi ser. Deje que el aire saliera de mi de una manera tan lenta que casi me asfixio a mi misma. Mire a mis alrededores, esperaba verlo, pero no. El estaba muerto. Su aroma, su voz, todo rondaba a mi alrededor, hasta podría jurar que entre la gente vi su mirada, esa mirada triste que siempre llevó en los ojos.  Volví al bar, donde alguna vez, hace algún tiempo atrás lo vi por primera vez. Lo sacaban arrastrando, era como un ser despreciable, asqueroso. En la vereda vomitaba como si nadie lo viera, Entonces me acerque sigilosamente con cierta expresión en mi rostro que se notaba a leguas que me daba repugnancia, Me miro, paro un segundo de hacer arcadas y me miro, tenía los ojos más hermosos que alguna vez pude ver.Mientras caminaba por las calles lo veía, nos veía. Intentaba acelerar mi paso, pero mi mente me detenía en cada esquina a recordar. Entre al bar finalmente, me senté en las ultimas mesas, en esas mesas en las que nadie se sienta, esas mesas que están cerca de la puerta que se abre y se cierra constantemente, esas mesas en las que la música apenas llega. Apure al mozo con mi bebida, y después de eso la noche paso volando. Recosté mi cabeza en la mesa e hice una almohada con mis brazos. Pestañaba lento, sentía la tristeza dentro de mí. Entonces me vi, caminaba en una calle de tierra y miraba todo mi alrededor, de repente unos brazos me tomaron por detrás con tanta dulzura que jamás se me hubiese ocurrido reaccionar a la defensa. Abrí los ojos, me dije a mi misma, “no pienses en eso”, entonces volví a intentar imaginar algo nuevo, estaba en mi cama, miraba hacia arriba, escuchaba la música con mucha atención. Parecía un sueño perfecto, pero entonces una mano acaricio mi cabello, antes de que pudiese gritar que odiaba que me toquen el pelo sentí unos labios recorrer mi cuello. Cerré más fuerte los ojos, como en el mismísimo sueño, no quería verlo. No quería ver quien era. Me negué a abrir mis ojos, entonces intente al menos imaginar que eran de otro hombre esos labios, pero en ese preciso momento, antes de poder imaginar otra cosa su lengua se paseo por mi quijada. Sentía que una lagrima se me escapaba, Finalmente me beso, la fiebre atareaba mi cuerpo, quería huir de ese maldito sueño. Sus manos acariciaban mi cuerpo con tan poca calidad que lo hacia aun mas especial, pensaba “¿A quien podría gustarle esto? A mi nada más!” No me hablo, no pronuncio ni una palabra. Mi garganta encerraba un grito, quería decirle que esto no debía ser así. Sentía como la locura invadía mi cuerpo. Las ropas volaban por el aire, yo estaba helada, no quería una vida sin el, pero tampoco la quería con el. Mis ojos latían en la oscuridad, mi cabeza estaba por explotar. Mientras tanto el besaba mis orejas. Las yemas de sus dedos eran marcadas, las rozaba contra piel, sentía que cada caricia producía una especia de chispa. Como si hubiese cierta energía entre ambos. Estaba cayendo en su trampa otra vez. Evite mirarlo a los ojos, le di la espalda, como si estuviese ofendida. Entonces sus labios se posaron sobre mi hombro izquierdo y sus yemas se frotaban tan majestuosamente por mi espalda, no me dio otra opción que tuve que hacerlo. Arrime el brazo derecho por debajo de la cama, donde se posaba un cuchillo que habitualmente usaba para fragmentar manzanas, Las lágrimas escapaban de mis ojos, eran miles. Inundaba la habitación de agua salada. Clave el cuchillo en su pecho. Era el crimen perfecto y lo hubiese sido salvo por una acción mal hecha. Mire sus ojos, estaban mas tristes que nunca, pensé entonces que se resistiría, pero no lo hizo, se dejo eliminar, me abrazo bañándome de sangre y poco a poco fueron sus ojos apagándose, fueron escondiéndose detrás de sus parpados. Yo simplemente lloraba, cuando entonces sentí un beso  en mi nuca, levante la cabeza. Estaba aun en el bar, había mucha gente. Demasiada para mi gusto. Junte mis cosas y me retire. Caminaba por la plaza cuando en un reflejo de agua vi mi rostro, tenía todo el maquillaje corrido, era un desastre, pero no me importaba. El único ser que a mi parecer estaba hecho para mí estaba muerto. Caminaba intentando alejar esos pensamientos, sentía mis manos hirvientes, sentía las gotas de sangre chocar contra el suelo. Entonces lo vi, ahí venia, con toda su juerga, sonreí. Adoraba ver esa ilusión óptica. Era como que, me daban ganas de vivir, sentía que tenia otra oportunidad de ser  lo que el realmente esperaba. Aunque admito que a largo plazo me afectaba. Por que era todo una mentira, era todo una ilusión. Lo veía seguido, siempre se paseaba por mi alrededor o quizás yo me paseaba por su alrededor. No me saludaba, simplemente me miraba con su rostro triste, yo sonreía, y pensaba “volviste amor, volviste!”  Nada fue suficiente para borrarlo de mi mente, por que lo sigo viendo en cada rincón. Me afecta, me afecta saber que esta muerto pero a la vez no.


martes, 3 de enero de 2012

Y mi mente son dos polos en continua discusión.

El propósito de la vida cada vez se me hace menos claro. A veces me pregunto si el mar esta hecho de lagrimas, Porque todo es tan similar, Todo concuerda de un modo poco usual. Su sabor, salado como el gusto de cada lagrima, su manera de irritar nuestros ojos, la manera en que nubla nuestras miradas  y nos deja levemente ciegos a la luz del sol. Como cuando lloramos y buscamos la luz en un simple foco, y lo vemos deformándose a través de una gruesa capa de agua salada. Y el dolor de saber que te esta quemando los ojos, o quizás la alegría de haber aprendido a nadar y a burlarse del lujurioso mar. Divertirse saltando las olas… Una más, y otra y otra más.  Pero no todas las olas son livianas y amistosas, también están las violentas y recelosas que más de una vez te intentaron de ahogar, Sacudiéndote de un lado al otro, golpeando tu cuerpo contra el arenoso fondo y hasta arrancándonos la vestimenta, dejarnos desnudos a la vista de miles de ojos prejuiciosos y burlones. ¿Hoy que somos? ¿Somos inútiles? ¿Tenemos una razón para existir? Y si no la tenemos ¿Por que seguimos con este juego que nos manipula e hipnotiza? Lo sabemos, somos consientes de que esto no es “vivir”, sabemos que somos victimas de este juego malicioso. Pero aun así no nos rendimos. No tenemos el valor o quizás la cobardía de abandonar todo esto. No abandonamos toda esta mentira porque esta bien disfrazada. Y al final cuando estas completamente decidido a rehusarte a continuar es cuando todo se ilumina. Los 100 años de oscuridad y soledad que te volvieron loco se olvidan y se superan, temporalmente con tan solo un día de sol, te vuelven cuerdo si alguna vez lo fuiste o te hacen cuerdo si jamás lo fuiste. Y así vuelve la esperanza, o al menos una parte de ella. Las olas vuelven a ser gentiles. Luego el ciclo vuelve a empezar, una y otra vez.Intentando escapar sin dirección, la voz que esta en tu cabeza siempre tiene algo que acotar. Algo más para confundirte y confundirme. Nunca se va por completo.
Sigue esa voz me han dicho miles de veces, ¿Cómo pretenden que yo la siga? Es una voz o quizás dos que están en permanente guerra. Caprichosa voz! Cállate de una vez!
Perdí la capacidad de darme cuenta cuando me engaña y cuando me dice la verdad. Cuando me dice hacer lo correcto o cuando me manda a sufrir. A veces me habla en un tono tranquilo y asertivo, a veces me duerme con sus suspiros deliciosos y hasta a veces logra anestesiar todo mi dolor. Pero otras veces me tienta a desquiciarme, me desarma, me confunde, me revienta. Crea mi propia destrucción. Hace de mi cerebro una bola de papel. Me atemoriza conocer los lugares hasta donde me pueda llegar a llevar si le doy pie a todas sus locuras. Por que en si, sus locuras son mis locuras, al fin y al cabo esta todo dentro del mismo cuerpo. Mi cuerpo, la cárcel, un elemento más, solo eso. Y mi mente son dos polos en continua discusión y yo… Yo solo puedo definirme como algo indefinible pero agotador, admito que hasta en ocasiones me canse yo misma de mi cambiante carácter. A veces quisiera vivir, y otras simplemente no existir. Todos los seres humanos vivimos continuamente esperando algo o alguien que nos cambie la vida para no sentirnos acostumbradamente defraudados. Vivimos con esa ilusión inalcanzable. La imaginación es lo único que nos hace mantenernos respirando, lo único que reprime de algún modo a nuestras almas, a que nuestras almas pidan ser libres de estos cuerpos llenos de nada. Y otra bocanada de aire, y otra más y otra… -Enfermero, se me acabo el suero ¿Ya me lo puede quitar? –No, hay que renovarlo.
Seguimos esperando… Contando cada gota de suero que baja por el conducto artificial hasta chocar con mis venas. Y sueño y espero, que algún día se acabe el suero de una vez y no haga falta su renovación. Espero un poco más que nada no sentir tan forzada la respiración, las entradas de aire son una tortura. Imagino una persecución, el aire escapa de mi boca, no quiere ser inhalado. No quiere recorrer mi cuerpo. ¿Dónde es mi lugar? Con cada beso una bocanada menos de aire. Besar… Para mi besar no es tan normal! Para mi es mucho más… Es darte mi aire, el poco aire que logro atrapar. No entres en mi vida a robarme aire y nada más. Róbame suspiros, róbame miradas, róbame la vida, róbamelo todo, que para mi no hay nada mas valioso que fingir ser dura, si, fingir! Por que en el fondo te regalaría todo mi aire si me das la mano y tu confianza.