Noches Iguales
Recibí
la noche de boca al suelo, labios sangrientos llenos de sed.
La
ebriedad afectaba mi equilibrio y no solo me refiero a mi equilibrio corporal
sino también a mi equilibrio mental.
Venia
planeando esta noche hace tantos meses atrás, quizás un beso, un abrazo, una
lagrima. Admito que también la imagine violenta.
Me
imaginaba devastada, admirándote desde un rincón, tristemente acompañada de una
copa filosa, que me tentaba a apuñalarme brutalmente a mi misma, o quizás no, porque
también en otras ocasiones me veía apuñalándote a vos.
Pero
como la mayoría de las cosas planeadas hace meses se desvanecen todos los
planes en menos de un minuto, se desmoronan como una vieja montaña rusa
poniendo en juego nuestra salud mental que va viajando majestuosamente por el
carrito acompañada de nuestra razón, y así la razón le advirtió a la salud
mental que el camino se estaba destruyendo a tan solo unos pasos de ellos, pero
la salud mental la ignoro, “que vas a saber vos” y paso directamente a su inconsciente
las palabras de la sabia razón. Y así cayeron las dos al vació. La montaña rusa
ya estaba totalmente destrozada igual que mis planes, nada había salido como lo
esperaba.
Alli
estaba yo, buscándolo desesperadamente, con algunas copas de más para aliviar
el dolor de enfrentar la despedida, pero el no estaba.
Nunca
estaba. Se había ido hace tiempo ya, pero por alguna razón todavía no lo podía olvidar.
Cada
noche, casi como una repetición devastadora, imaginaba una y otra vez esa
despedida que jamás se dio. Y esperé horas junto a la puerta, para ver si de
casualidad entrabas. Como si por momentos me olvidara que estas a 2000 kilómetros
bajo tierra.

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