domingo, 10 de junio de 2012

Noches Iguales


Recibí la noche de boca al suelo, labios sangrientos llenos de sed.
La ebriedad afectaba mi equilibrio y no solo me refiero a mi equilibrio corporal sino también a mi equilibrio mental.
Venia planeando esta noche hace tantos meses atrás, quizás un beso, un abrazo, una lagrima. Admito que también la imagine violenta.
Me imaginaba devastada, admirándote desde un rincón, tristemente acompañada de una copa filosa, que me tentaba a apuñalarme  brutalmente a mi misma, o quizás no, porque también en otras ocasiones me veía apuñalándote a vos.
Pero como la mayoría de las cosas planeadas hace meses se desvanecen todos los planes en menos de un minuto, se desmoronan como una vieja montaña rusa poniendo en juego nuestra salud mental que va viajando majestuosamente por el carrito acompañada de nuestra razón, y así la razón le advirtió a la salud mental que el camino se estaba destruyendo a tan solo unos pasos de ellos, pero la salud mental la ignoro, “que vas a saber vos” y paso directamente a su inconsciente las palabras de la sabia razón. Y así cayeron las dos al vació. La montaña rusa ya estaba totalmente destrozada igual que mis planes, nada había salido como lo esperaba.
Alli estaba yo, buscándolo desesperadamente, con algunas copas de más para aliviar el dolor de enfrentar la despedida, pero el no estaba.
Nunca estaba. Se había ido hace tiempo ya, pero por alguna razón todavía no lo podía olvidar.
Cada noche, casi como una repetición devastadora, imaginaba una y otra vez esa despedida que jamás se dio. Y esperé horas junto a la puerta, para ver si de casualidad entrabas. Como si por momentos me olvidara que estas a 2000 kilómetros bajo tierra. 



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