viernes, 15 de junio de 2012

Revolución interior

Si mi conciencia fuese un mar seria el más salado y profundo del universo. Tuve que viajar, alejarme de la realidad. Transportarme a un planeta inventado de ubicación inexacta. Sacarme los zapatos y los alambres de la boca, besar al aire y mirar al cielo, dejar de seguir a esa razón que me convierte en humana. Lo prometo, ya no oprimiré más los engranajes de mi corazón, no oxidare jamás esos lamentos. Rozaré con mi lengua absolutamente todos mis dientes y jugaré con mis encías haciéndolas sentir vivas.
No dejaré que la ropa corrompa el encanto de la libertad. No tendré piedad por el pasto, lo pisare una y otra vez y caminare sin rumbo hasta cruzarme con el rio de la pureza y ahí sin pensarlo demasiado arrojare todas las penas que me sujetan los tobillos sin dejarme avanzar.
Hace rato que no me enfrento con la quimera de mi pasado, Su baba ya no me hace resbalar, no veo sus ojos sanguinarios en mis sueños, ni su figura en la oscuridad.  Ya podría asegurar que me estoy acostumbrando al bienestar, pero hay algo que no quiero perder jamás, la melancolía, si no es aquí será allá pero siempre la pierdo por algún lugar, me paso horas buscándola y buscándome a mi misma, el espejo, hay cosas que no sabe rebelar y eso es lo interesante, dejarnos llevar por una imagen refractada que apenas podemos asegurar que somos nosotros es algo absurdo, quizás el único que no nos puede mentir de quienes realmente somos es el espejo, pero seria una afirmación desdichosa y sospechosa, yo no la creería y la cuestionaría hasta que mis cuerdas vocales se corten.
Tengo un enfoque total, yo soy quien soy y cada día que tengo en esta vida es una oportunidad para mejorar. No hay lugar para sentir la culpa ni el rencor en mi nuevo corazón, a veces siento ese demonio de uñas largas que me rasga las entrañas, pero lo alejo y me despojo de esos pensamientos, no los evito, los enfrento con mi mente, miro a esa bestia a los ojos y se derrite, todo ese ejercito endemoniado se vuelve polvo, están perdidos, la maldad siempre fue algo innato en mi ser, pero a veces siento la necesidad de neutralizarla. Es algo que me permite sacar mis alas y volar.
No quiero darle el prestigio a alguien, porque no se realmente que fue o quien fue  lo que me hizo cambiar tan abruptamente, prefiero pensar que fui yo misma, que realmente ahora estoy demostrando que puedo cocerme las heridas yo misma.
Estoy atenta y me doy cuenta de que cada día soy mejor, tengo mi frialdad, tengo mi dolor y tengo mi agresividad, pero eso es parte de la composición de mi sangre, no va a cambiar, pero al menos puedo sacar también lo bueno de mí, mi lado comprensible y generoso. Relajada y asertiva, ya no me alimento de mi desazón , solo me alimento de la energía positiva que flota a mi alrededor.
Se le dice a las reinas “busca tu rey” pero yo descubrí que no hay rey que pueda compartir mi riqueza, la riqueza de la vitalidad, de las sonrisas, de un fuerte y diferente ideal. Todos reinamos en nuestras vidas y antes de buscar a algún paraíso donde alojarse hay que buscar en el interior de cada ser humano y encontrarse con la pena y el dolor, superar todo lo que pueda tirarte al lado malo y crecer, saber diferenciar, ya no es pena lo que siento al mirar hacia atrás, es orgullo, que bien se siente descartar todo lo malo y quedarme con lo que aprendí. Cicatrizar todas las lastimaduras y seguir hacia delante con la sonrisa tatuada. Nadie me desaloja de mi cuerpo, yo mando acá! 





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