
Mi guitarra, dudaría en dejarla huérfana. Ella me entiende tanto… Debes en cuando me pega un par de latigazos y me muestra que la vida a veces es dura y que hay que ir cambiando las cuerdas. Que hay que ajustar las clavijas. Que hay que afinar cada cuerda en la nota perfecta. La primera cuerda en MI, la segunda en SI, la tercera en RE, la cuarta en LA, y la ultima nuevamente en MI. Y así todo es tan repetitivo que podría pensarse que es aburrido pero no. Por que siempre depende de donde pises con tus dedos, de cómo rasgues los dedos. Siempre depende de vos, como tu propia vida. Siempre depende de vos. Depende de vos mantenerla afinada y por mas vieja y sufrida que este la guitarra sigue dependiendo de vos, por que sos vos el que la afina y la hace vibrar. Sos vos el que le da vida. Podría pensarse que es un poco psicópata la idea de comparar la vida misma con un objeto. Pero ¿Qué son los objetos? Nosotros los humanos calificamos todo con nombre y les damos un significado y un intento de explicación a ese significado y a ese nombre que quizás sea toda mentira. Por que si ese “objeto sin vida” influye en nuestras vidas al fin y al cabo tiene vida! Comparte la vida del mismo ser humano. Quizás no absorbe aire, ni se alimenta pero sin embargo tiene cierta especie de vida. Lo llaman “objeto inanimado” pero yo no lo entiendo.. .¿Por que?Inanimado son los humanos aburridos que pasan todo el dia sentados en una computadora. Inanimados son los humanos que no se permiten sentir. Mi guitarra esta bien afinada y bien animada. Suena fuerte, los vecinos siempre aprecian su sonido. Sus cuerdas vibran al compas de mi voz. Cuando estoy con ella en el alrededor flota un aroma a melodía, los perros no ladran, se acuestan a disfrutar del sol. El día pasa más lento, el sol, pareciera que el sol quisiese seguir escuchando por que no baja, no se esconde detrás de las montañas. El pueblo sigue como si nada, pero el corredor pasa caminando por la tranquera de mi casa. El caballo que huye de su hogar no galopa más, cuando la vida pasa por mi tranquera se tranquiliza, todo es más lento y quizás más letal. El humano disfruta de esas melodías y yo mientras tanto sufro de mi locura. Sufro de mi inmensa locura. Pienso y cuestiono todo lo que el hombre hizo. Me indigna que todo este calificado. Me indigna que todo este juzgado. Quizás desde mas arriba pasando el cielo nuestro mundo es solo una aburrida maqueta en la habitación de un joven marciano que se ríe y disfruta de cómo nos juzgamos entre si, y como juzgamos a todo, como “evolucionamos” como nos destruimos unos a otros, como vamos perdiendo la fe. El marciano se ríe. Sabe que en su tierra eso no pasaría. Millones de nuestros años allí son tan solo un mes. El marciano, verde como lo imaginamos no es para nada parecido, no tiene forma de babosa, ni de extraterrestre cabezón, ni de humano, ni de fantasma, el mutante es un mutante y listo. El punto es que el se burla de nuestro egoísmo, de nuestra ingenuidad de cómo nos matamos pensando en como triunfar en la vida o de cómo dejarla o de nuestras conclusiones sobre la vida y lo hay después de la vida. Entonces le digo a este mutante quizás inexistente que deje de cagarme en la cabeza. Es como que, si ya se, se debe estar riendo el hijo de puta. Pero a veces pienso en el budismo y digo “carajo habré sido una mierda realmente en mis vidas pasadas” y después pienso en la religión y se me ocurre pensar que todo me pasa por no tener fe en nada… Por la fe al fin y al cabo es lo que le da la razón a cada humano. Aunque a mi me cueste aceptarlo soy humano. Ojala pudiese ser de una fuerza superior. Pero desgraciadamente no, me toco ser humana, aburrida, desgraciada y común. En fin quizás la fe que jamás me permití tener es lo que me afecta. Aunque también pienso que esto es normal, una vida normal, llena de bardos y quilombos. Eso dura hasta que me paro a mirar a mí alrededor, miro y me veo envuelta en llamas. Siento orgullo de seguir de pie. De tener esta postura firme. De decirle al mundo que se me caiga encima si se le da la gana que a mí ya me da igual. Me enorgullece ver cuantas cosas aguante. Y aunque si, este llena de traumas y tenga problemas con mi personalidad me enorgullece ser así. Por que no me volví una desquiciada mentirosa, asesina, maldita, forra. No me volví un monstruo. Me volví quizás mas humana que todos los humanos. Me volví decente. Todo lo que viví me hace valorar hasta a una vieja guitarra. Jamás miento, jamás engaño a nadie, jamás hago nada para el mal de los demás. Sin embargo no tengo nada más que cosas materiales, y quizás es eso lo que me hace pensar que estas cosas tienen vida. Ya ni siquiera pido fidelidad. Solo pido amor y sinceridad, solo pido lo que doy y nada. Nada de nada obtengo y cada vez el tiempo me pasa cada vez mas lento y me refugio en distintos narcóticos y en cosas que la humanidad llama vulgarmente objetos o animales o drogas. Cuando vi que mi vida empezó a caer, ósea desde que nací o al menos desde que tengo memoria busque distintos modos de ver el lado positivo. Por un tiempo estuvo bien, pero cuando las paredes de mi cordura se desmoronan con cada puñetazo que me da el destino comienzo a pensar que el amor es lo único que me puede salvar. Y me fío, me confió en ese sentimiento. Sueño con esa felicidad inalcanzable. Inhalo una y otra vez. Pienso que al final algún día la paz me va a llegar. Algún día el amor me va a curar todo este dolor. Pero nada es suficiente para mí, nada es suficiente para el ser humano. Al ver que el amor no me llega y el dolor crece me vuelvo un poco más psicópata. Y empiezo a pensar que no tengo remedio. Empiezo a alucinar que estoy postrada una vez más en el hospital. Esperando a que el suero se termine y la droga no corre, no baja, no choca contra mi sangre. Dios! Marciano! Cosa inexistente! Destino! Vida misma! Dame una razón, no me dejes caer en manos de la tentación a rendirme. Lo que fui en otras vidas realmente no lo recuerdo. Quiero dejar de pagar este precio que siento no merecer. Dame amor, no puedo caer más abajo de este pozo. Ya caí bastantes pisos, necesito una mano que me salve. No me dejes perder mi fe en el amor. Ya no puedo tener más dramas en este cuerpo. Lo que alguna vez fui (si es que lo fui) es de otra vida. Déjame vivir esta vida en paz. Soy joven y pase tempestad. Soporte todo con la frente en alto. No me deje tentar por la falsedad. Siempre fui limpia de palabra, sincera, musical. Siempre fui sonriente a los demás. El payaso de la familia y de todos mis amigos. No me como animales, no mentí ni engañe a nadie. Siempre di lo mejor de mí. Siempre brinde mis oídos a los que necesiten ser escuchados. Siempre di mi humilde consejo. Siempre cuide, defendí y mantuve fidelidad a mi alrededor. Siempre tire dinero para complacer al resto. Nunca fui tacaña ni egoísta y aunque alguna vez fui envidiosa fue para bien. Por que siempre tuve fascinación por mi alrededor. Por que siempre encuentro en cada ser algo perfecto y descomunal y al verme a mi misma me siento insignificante. Y admito, admito a veces ser brusca. Pero es lo menos que puedo tener después de todo lo que pase es ser un poco brusca debes en cuando. Amor, amor es lo único que pido y necesito.
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